miércoles, 18 de enero de 2012 | 07:34 a.m. | El Mundo

Schettino lo primero que hizo al llegar a tierra fue llamar a su mamá.

Comparti esta noticia:

Algunos marinos confían en los poderes de la Virgen del Carmen para enfrentar los peligros del mar. Otros, en cambio, se entregan a San Nicolás de Bari. Francesco Schettino era de los segundos. En su camarote del Costa Concordia llevaba siempre una imagen del santo y nunca olvidaba tampoco una cabeza de ajo contra la mala suerte. Pero al capitán nada le alcanzó.

Ni el santo, ni el ajo ni sus treinta años de carrera pudieron evitar que se hiciera realidad su peor pesadilla: “No me gustaría ser el capitán del Titanic”, había dicho dos años antes en un reportaje con la revista Checa, Dnes. Pero Schettino lo fue. En parte. Porque la banda no siguió tocando ni el capitán continuó hasta el final.

A Schettino tampoco lo recordarán por sus ojos azules, su bronceado perfecto o su sonrisa de dandy . A diferencia de Edward John Smith, el capitán del Titanic, Schettino pasará a la historia por haber sido el primero en huir.

En aquel reportaje de 2010, Schettino también había dicho que “las tragedias se olvidan rápidamente”. Pero las grabaciones que se conocieron ayer – en las que se niega a volver al barco – quedarán unidas a su nombre como un ADN.

Schettino tenía porte de capitán. Ana Jiménez le contó al diario español La Vanguardia que durante una travesía, en una escala en Palermo, el capitán la reconoció caminando por la calle y se acercó a saludarla. Schettino tenía el don de recordar caras entre miles de pasajeros. Una jueza argentina que se salvó de milagro, en cambio, lo recuerda siempre con una copa en la mano y rodeado de bellas mujeres .

Había entrado a la compañía en 2002 como jefe de seguridad y en 2006 fue ascendido a capitán. Se sentía orgulloso de su puesto, de su barco y su uniforme. Pero el sábado, a las cinco de la mañana, mientras el rescate continuaba en el Costa Concordia, en el refugio de su hotel, la primera persona a la que llamó fue a su mamá.